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La Coctelera

Orfismo

El Orfismo fue una corriente religiosa que apareció en Grecia entre los siglos VII o VI a.C inspirada en los escritos atribuidos a Orfeo,que algunas fuentes consideran hindú.
El Orfismo trataba de explicar el origen del hombre y la causa de sus sufrimientos,los cuales eran atribuidos a su doble naturaleza,dianosíaca y titánica.Sus adeptos creían en la reencarnación y en la inmortalidad del alma.
La reencarnación era considerada un mal que se podía evitar por medio del ascetismo para conseguir la liberación de lo dionisíaco del influjo de lo titánico.
Esta fuente de pensamiento influyó a Pitágoras,Empédocles y Platón.
La transición del Orfeo mítico al orfeismo como doctrina tiene todas las características del paso del mito al logos,porque tuvo una nueva visión en la forme de ver al hombre y al mundo,que superaba el antiguo pensamiento helénico siendo la creencia en la inmortalidad del alma uno de sus principales aportes.

Intelectualismo moral

Teoría moral para la que la conducta moral sólo es posible si descansa en el conocimiento del bien y la justicia. Todos los filósofos griegos defienden en mayor o menor medida el intelectualismo moral pero sin duda el representante más destacado de este punto de vista es Sócrates.

La tesis esencial del intelectualismo moral es la siguiente: la experiencia moral se basa en el conocimiento del bien. Sólo si se conoce qué es el bien y la justicia se puede realizar el bien y la justicia. Sócrates hace las siguientes consideraciones a sus conciudadanos: cuando uno de vosotros está enfermo no propone una votación entre los miembros de la familia para establecer qué remedio es adecuado para curar la enfermedad: ocurre más bien que llama al médico y se somete a su juicio y recomendaciones; cuando un ejército quiere derrotar al enemigo no se realiza una consulta popular para establecer el modo de atacar, es el estratega quien decide el modo de dirigir a los soldados y plantear las batallas; cuando queremos levantar un edificio no hacemos una votación para decidir el modo de construirlo, dejamos que sea el arquitecto quien imponga su criterio. Y pregunta a continuación Sócrates: ¿Por qué cuando se trata de lo más importante de todo, que es el bien de la ciudad y las leyes que son adecuadas para la convivencia entre los ciudadanos, dejamos que todo el mundo opine y nos sometemos a la mayoría y no llamamos a aquél que sabe? 
Para el intelectualismo moral los asuntos morales y políticos tienen que ser cosa de expertos. Esta propuesta socrática puede dar lugar a interpretaciones políticas antidemocráticas y elitistas (como, por cierto, se ve claramente en la filosofía política de su discípulo Platón).

El punto de vista de Sócrates está viciado por cierta ambigüedad: cuando Sócrates pide que a la base de la moral y la política se encuentre el conocimiento ¿a qué conocimiento se refiere? Podemos distinguir entre el saber hacer algo y el saber en qué consiste ese algo. Por ejemplo, el artista sabe hacer belleza, pero es muy posible que no sepa en qué consiste la belleza, ni qué pasos concretos hay que seguir para alcanzarla. El primer tipo de saber es un saber entendido como destreza (bien sea corporal o espiritual) para la realización de algo, y el segundo tipo es un saber entendido como conocimiento explícito y consciente de algo (como ocurre por ejemplo en la ciencia). Es fácil observar que estas dos formas de saber no tienen que ir necesariamente unidas, así el historiador y el crítico del arte pueden saber explícitamente muchas cosas relativas a la belleza, pero es muy posible que no sepan crear arte ni belleza. Parece ser que Sócrates pedía un conocimiento del segundo tipo como garantía de las acciones buenas y justas. De ahí la confusión que creaba en sus interlocutores cuando les preguntaba por una definición de aquello para lo cual se les suponía expertos. 
Nuestras convicciones vulgares parecen contrarias al intelectualismo moral pues creemos que alguien puede saber que algo está mal y sin embargo realizarlo. Para el intelectualismo moral la perfección moral es una consecuencia de la perfección del intelecto o razón; sin embargo otros autores como Aristóteles se acercarán más al punto de vista corriente al considerar que el conocimiento no es condición suficiente para la conducta justa y buena. Este autor pondrá como fundamento de la práctica moral la perfección de la voluntad más que la perfección del intelecto: la conducta buena no depende tanto del conocimiento como de la disciplina de la voluntad en la realización de las acciones justas. Así, desde el punto de vista de Aristóteles y en contra del intelectualismo moral, cabe concluir que seguramente para ser justo es necesario saber realizar la justicia, pero aquí esta palabra no designa un conocimiento explícito y teórico de la justicia sino la posesión de una habilidad o disposición para la realización de acciones justas.

El mito de Orfeo Y Euridice

Orfeo era el músico más extraordinario de todos los mortales y con su canto, deleitaba a todas las criaturas de la naturaleza.

El día de su boda con Eurídice, la bella mujer de quien estaba enamorado, cantó mejor que nunca.

Todos a su alrededor parecían festejar su amor con la misma alegría viendo a los amantes paseando felices por la verde pradera.

Sin embargo, la adversidad los acechaba en el camino y se ensañaría con ellos. Una serpiente venenosa mordió a Eurídice, quien dejando escapar un grito de su garganta cayó herida de muerte.

Orfeo, desesperado, trató inútilmente de ayudarla, pero ya era tarde; el veneno se había esparcido por todo su cuerpo sin darle tiempo a nada e irremediablemente al poco tiempo murió en sus brazos.

Orfeo no pudo recuperarse de su profunda pena y toda la naturaleza lo acompañó en su dolor; las aves con sus agudos lamentos y los árboles emitiendo extraños y lúgubres sonidos con sus follajes.

No pudiendo soportar tanto dolor, Orfeo decidió bajar al Averno decidido a recuperar a su amada.

Acompañado por un barquero, atravesó el oscuro pantano del Estigio, que separaba el reino de los vivos del de los muertos; e iluminándose con una antorcha se hundió en las oscuras profundidades de la morada de los muertos.

Lo acompañaron en su travesía los macabros sonidos de los fantasmas errantes, que no lo desanimaron, tan decidido estaba de hallar a su amada.

Encontró los rostros ajados de las Furias, y el perro Cancerbero de tres cabezas que custodiaba el palacio de Plutón y Proserpina, los señores de los muertos que se encontraban sentados en sus tronos.

Se postró a sus pies y tomando su lira comenzó a cantar una hermosa canción sobre su perdida amada.

Todos los presentes lloraron al compás de su triste canto y los reyes se apiadaron de él.

Eurídice fue llamada para que se presentara en el salón del trono y al encontrarse ambos amantes se abrazaron.

Plutón autorizó a Eurídice a regresar al mundo de los vivos pero con una condición, que Orfeo no girase su cabeza para mirarla en su viaje de regreso, debiendo confiar en que ella lo estaría siguiendo.

Orfeo, acompañado del barquero regresó por el mismo camino lúgubre que lo había conducido hasta el Averno, atravesando sus macabras y oscuras sendas y rodeado de tenebrosos aullidos y lamentos.

Mientras atravesaban el río Estigio, Orfeo pudo ver una fuente de luz que anunciaba la salida y ambos se apresuraron a salir de la caverna.

Una vez afuera, Orfeo no pudo evitar darse vuelta para comprobar si detrás de él venía Eurídice, sin recordar que la condición impuesta por los reyes del Averno era que ambos tenían que estar afuera para poder mirarse mutuamente.

Ni bien sus ojos se posaron en el bello rostro de Eurídice, ésta le dijo adiós y desapareció para siempre.

Orfeo quiso seguirla pero espectros fantasmales le impidieron el paso y el barquero se negó a acompañarlo.

Desalentado, subió hasta lo alto de una colina y allí comenzó a llorar desconsoladamente.

Su lamento se fue convirtiendo en una triste melodía que atrajo a los pájaros, animales y árboles del lugar, que mientras lo escuchaban trataban de protegerlo del fuerte viento y de las inclemencias del tiempo.

Carl Sagan, El nacimiento de la filosofía

http://youtu.be/WLSklddFFDY

En este vídeo Carl Sagan nos cuenta los orígenes de la filosofía. Entre el 600 y el 400 a.C. descubrieron que el universo era conocible mediante el cosmos, esto se descubrió en las islas del Mediterráneo Oriental ya que se mezclaban diversas razas que se empezaron a plantear cual era el verdadero Dios con lo que descubrieron que había leyes naturales sin necesidad de atribuir el merito a los dioses. El primer científico jónico fue Tales.

Presentacion

Hola soy Esperanza Antón Blázquez tengo 18 años.

Estudio en el instituto María Moliner y este blog lo voy a emplear para la asignatura de filosofía.

Para empezar el blog me gustaría a poner un par de frases filosóficas que me gustan mucho :

  • A menudo los grandes son desconocidos o peor, mal conocidos. Thomas Carlyle
  • Aceptar un favor de un amigo, es hacerle otro. Jhon Ch. Collins